5 aps CAPITULO 7 Atención Primaria de Salud y Medicina General Integral

 

Una vez que el médico acepta la responsabilidad de atención inicial de un paciente, él también asume el deber de seguirlo hasta su conclusión, lo que significa que tiene la responsabilidad de confirmar los resulta- dos, aun cuando haya sido remitido a otro médico. El compromiso del médico de familia con las personas que atiende no finaliza al concluir la dolencia, es una responsabilidad permanente, independientemente del estadio en que se encuentre la expresión concreta del proceso salud-enfermedad.

El médico, que conoce bien a su paciente, puede evaluar la naturaleza de sus problemas con mayor rapidez y precisión. Al tener un mayor grado de inte- rrelación con él y, por tanto, un amplio conocimiento sobre la dimensión biológica y social del individuo, el médico será más capaz de detectar temprano signos y síntomas de derivaciones del patrón de normalidad en las aristas de la integridad biosicosocial del paciente. Las alteraciones de salud derivadas de conflictos emocionales y sociales también pueden ser atendidas con más efectividad por un médico que tenga conoci- miento íntimo del individuo, y su trasfondo familiar y comunitario, como resultado del discernimiento alcan- zado al observar los patrones de conducta del paciente y su respuesta a las cambiantes situaciones tensionantes

a las que se ha enfrentado.

La proximidad que se desarrolla entre el médico y los pacientes jóvenes durante su periodo de crecimien- to beneficia la relación médico-paciente, y la ayuda del primero en etapas difíciles como la pubertad y la adolescencia.

Si el médico mantiene vinculación permanente con sucesivas generaciones en una familia su habilidad para tratar los problemas indiferenciados aumenta al crecer su conocimiento de todos los antecedentes familiares. En virtud de este vínculo mantenido y esta asociación íntima con la familia, el médico desarrolla un conoci- miento exhaustivo de la naturaleza de una familia y su funcionamiento. Esta habilidad para observar el entorno familiar, le permite adquirir una valiosa intuición que mejora la calidad de la atención médica.

El médico de familia necesita evaluar la personali- dad de un individuo, de manera que los síntomas que refiera puedan ser analizados apropiadamente y aten- didos por el equipo de salud con el énfasis necesario. No son poco frecuentes los pacientes que necesitan llamar la atención de los más allegados o requieren muestras de cariño con mayor intensidad, que simulan alteraciones de la salud para satisfacer sus necesidades sentidas en lo íntimo.


 

Es directamente proporcional el grado de co- nocimiento y la comprensión que, a través de una atención de continuidad sistemática, logra el médico con capacidad para evaluar de forma rápida y eficaz las alteraciones que presenta el paciente. Mientras menos información tenga el médico, mayor será su dependencia de los exámenes complementarios y más probabilidad de evolución del problema de salud del aquejado.

El médico de familia tiene que estar comprometido con el tratamiento de las enfermedades crónicas, para las que no hay cura conocida, y que requieren un largo se- guimiento y control; la atención mantenida de un médico personal contribuye a compensar estas enfermedades y a ofrecer el consuelo y alivio necesarios en los estadios finales. Resulta un trabajo difícil, entre otras razones, porque implica la transformación del estilo de vida del paciente, y casi siempre de toda la familia.

 

Atención integral

Consiste en la prestación de servicios médicos de amplio espectro con alto nivel de resolutividad, para lo que es imprescindible contar con profesionales de la salud formados y entrenados integralmente.

La disciplina de Medicina Familiar integra co- nocimientos del resto de las disciplinas médicas. Un médico familiar requiere conocimientos y habilidades, en diversos grados, en áreas de otras especialidades, en dependencia de la prevalencia de los problemas encontrados en la práctica diaria. Tiene base amplia de conocimientos generales que le permite solucionar del 80 al 90 % de los problemas que se le presentan. Por el contrario, un médico especializado en una dis- ciplina lineal tiene una base menor de conocimientos generales, pero con mayor nivel de profundidad en la disciplina escogida, por lo que se convierte en un con- sultor excelente, pero no está entrenado para funcionar efectivamente como un médico de familia (Fig. 7.1). El médico de familia debe estar preparado para atender pacientes que no han sido preclasificados y presentan problemas de salud muy indiferenciados. A partir de ese momento debe mantener una relación médico-paciente estable que trascienda los intereses individuales del paciente al consultar y penetrar en otras vertientes de las necesidades específicas de salud. Esta actuación médica es exponente de una atención realmente integral, pues identifica todas las necesidades de salud del paciente en sus variadas expresiones cualitativas, y genera acciones para su solución de forma integral en el marco de una relación médico-paciente continua que engendra compromiso

y satisfacción mutuos.

perspicacia para percibir las manifestaciones sutiles de las alteraciones que desequilibran la salud, por lo que son importantes de las habilidades semiológicas para un buen diagnóstico. El médico de familia tiene que ser un clínico diestro, con capacidad para discernir sobre la prioridad de los síntomas y habilidad para evaluar la comunicación verbal y no verbal, así como los signos iniciales de la enfermedad, en función de seleccionar los procedimientos diagnósticos pertinentes para rea- lizar un diagnóstico temprano del problema.

El médico de familia tiene que ser esencialmente humano, y estar alerta para identificar de forma tem- prana, y atento para encontrar la justa relación entre el componente físico y emocional de los procesos patológicos. Es muy frecuente atender a un paciente con dolor precordial, que solicita le realicen un elec- trocardiograma, porque un familiar cercano falleció


Fig. 7.1. Proporción de conocimientos y habilidades de los

generalistas vs. especialistas.

El paciente aprende que sus principales necesidades de salud pueden ser resueltas por el médico de la sa- lud, y que en el caso de que su problema requiera una atención en otro nivel, siempre será su médico el que facilitará esta atención específica, a la vez que conti- nuará participando protagónicamente en las decisiones, al funcionar como representante de su integridad como ser humano ante el resto de los niveles de prestación. Un abordaje integral implica atención al enriqueci- miento, protección, restauración y rehabilitación de la salud que responde a las necesidades sanitarias de la comunidad en cuestión, con responsabilidad continuada

en la prestación de servicios.

Para la prestación integral de servicios es esencial utilizar adecuadamente las relaciones interpersonales en la atención de los pacientes. La comprensión y atención a los sentimientos de los individuos y las familias constituye una potente arma para el trabajo sanitario. La medicina familiar enfatiza la integra- ción de la compasión, la empatía y la preocupación personalizada, por lo que el médico debe ser un buen oyente, y tener la pericia para observar y descodificar el lenguaje extraverbal.

La diferencia entre la etapa temprana de enfermeda- des graves y las dolencias menores resulta difícil; los diagnósticos se hacen, con frecuencia, en dependencia del cuadro epidemiológico del área de salud y siguien- do un principio de diagnóstico por exclusión. Casi siempre, se identifica el síntoma de mayor pronóstico y se observa con detenimiento, utilizando el factor tiempo como medio diagnóstico para al final, evaluar de nuevo y llegar a conclusiones. La efectividad del médico de familia se determina, muchas veces, por su


de un infarto agudo del miocardio, o que un hombre o una mujer que ha perdido a su pareja por un cáncer de colon aparezca con diarreas frecuentes y reclame un examen radiográfico del colon. La personalidad de un paciente, sus temores y ansiedades desempeñan un papel en todas las enfermedades y son factores a tener en cuenta durante la prestación de servicios en la atención primaria.

El médico de familia tiene que estar preparado con- tinuamente para resolver los problemas más comunes que se presentan en la comunidad.

Un resumen de datos realizado por White en 1961, muestra que de 1 000 pacientes de 16 años o más, de una comunidad promedio, 750 experimentan lesiones por mes, pero solo 250 asisten al médico; 9 se inter- nan; 5 son derivados a otro médico y 1 es enviado a un centro terciario, lo que confirma que la mayoría de los problemas de salud se resuelven con autocuidado y muy pocos se interconsultan con otro especialista.

El médico de familia no tiene un modelo común para la práctica, y está condicionado a la distribución de los recursos humanos, materiales y financieros de salud; a las condiciones económicas e higiénico-epi- demiológicas, y a la pirámide poblacional, entre otros aspectos, del área específica de trabajo.

Continuidad

Es la atención permanente y sistemática en el tiempo por un mismo médico. La continuidad se materializa de forma real y efectiva en el contacto de la práctica de la medicina familiar, ya que el médico de familia sigue al paciente, la familia o la comunidad durante todo el proceso concreto de atención médica integral, en función de la necesidad de salud específica.



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