6 aps CAPITULO 7 Atención Primaria de Salud y Medicina General Integral
El componente de
continuidad de la medicina fa- miliar
en la APS se extiende a la atención mantenida
en el tiempo, independientemente de la existencia de alteración de la salud del individuo o la
familia, o no. Constituye una
herramienta diagnóstica poderosa, y permite
el conocimiento acumulado sobre el paciente y
su familia.
Los factores que
favorecen la continuidad son los siguientes:
- Estabilidad del médico.
- Estabilidad del equipo de salud.
- Organización sectorizada de la población.
- Capacidad del facultativo para solucionar los pro- blemas
de salud que demanda la población.
- Relaciones de comunicación, afectivas y de informa-
ción, satisfactorias entre el médico y sus pacientes, el médico y las familias,
y el médico y la comunidad.
-
Participación protagónica de la comunidad en la
solución de sus propias necesidades sanitarias.
- Papel de facilitador del equipo sanitario.
- Accesibilidad geográfica a los centros de segundo y tercer niveles de la red sanitaria a los que se remiten
los ciudadanos del área atendida.
- Existencia en la población de una imagen positiva del trabajo del equipo de salud.
- Satisfacción de la comunidad con la calidad
de la
prestación de servicios
sanitarios.
- Coordinación con otros sectores implicados en la resolución de las necesidades sanitarias.
- Efectividad del sistema de transferencia.
Coordinación
La Comisión Millis (1966) reportó que: “El paciente requiere
a alguien de alta competencia y buen sentido
para que se encargue de la situación completa, alguien que pueda servir
como coordinador de todos los recur- sos médicos que pueden resolver su problema. Él quiere al presidente de compañía que hará un uso
apropiado de sus habilidades y del conocimiento de los miembros
más especializados de la firma. Quiere al futbolista de mediocampo que diagnosticará la
situación cons- tantemente cambiante,
coordinará a todo el equipo y solicitará
de cada miembro la mejor contribución que sea capaz de hacer para el esfuerzo del equipo”.
La coordinación
consiste en la autoridad centra- lizada
del médico de familia, previo acuerdo con el
individuo, la familia o la comunidad, para dirigir las acciones de salud que se realizarán con
cada uno de ellos a través de toda la
red sanitaria o las acciones que devienen del trabajo conjunto con otros sectores.
El médico general
es el encargado de velar por el beneficio
de las acciones de salud que reciben sus pa-
cientes, sus familias y su comunidad. Cumple el papel de integrador de los servicios, lo que
cada día es más importante, si
tenemos en cuenta el carácter altamente especializado de la medicina actual. Además de facilitar el acceso del paciente a todo el sistema
de atención, armoniza las acciones
del sistema a las necesidades específicas
del paciente, para ayudar a la comprensión de la naturaleza de la enfermedad, las implicaciones del tratamiento,
y en general las nuevas condiciones a que se debe enfrentar el individuo y su familia.
Para llevar a cabo la función
coordinadora, el médi-
co general tiene que poseer una perspectiva realista de los problemas y tener claridad de las
rutas alternativas para poder
seleccionar la más pertinente. Una misma situación
puede tener diferentes opciones, según el grado en que se encuentre el problema en cuestión. Por ejemplo:
un paciente con dolor abdominal puede ser atendido
en la consulta del médico de familia y tener
solución, o puede observarse para decidir conducta posterior, pero puede ser un abdomen
claramente qui- rúrgico y necesita atención por los cirujanos.
El médico
de familia está preparado para elegir con mayor
flexibilidad de pensamiento la ruta a seguir,
mientras que el especialista que está habituado a un esquema general de actuación tiende involuntariamente a pensar en el marco de su manera
habitual de accio- nar. De ahí que, por ejemplo, para algunos cirujanos el análisis frente a un cuadro doloroso
abdominal se circunscribe a la
decisión de si se trata de un abdomen quirúrgico
o no.
La función
coordinadora del médico de familia se realiza respetando los principios éticos
de beneficencia y no maleficencia, de autonomía y de
consentimiento informado. El médico
de familia se convierte en el abogado
del paciente, su familia y la comunidad, al explicarles
las características de los procedimientos diagnósticos y de las acciones propuestas a realizar.
La habilidad para
coordinar no es un atributo inhe- rente a cada médico
de familia, necesita
entrenamiento y, además,
requiere canalizar toda la información de salud,
independientemente de qué institución o facul-
tativo preste el servicio; por lo que, tanto la coordi- nación como la continuidad, requieren un
sistema de transreferencias efectivo.
En la práctica, se utilizan diversas
vías de coordinación de las acciones sanita-
rias para el paciente o la familia.
Las interconsultas, el subsistema de transreferencia, el
contacto personal con el facultativo a consultar, las historias clínicas,
son ejemplo de estas.
El profesional de
la APS puede ofrecer al resto de los
niveles del sistema un mejor conocimiento de las características psíquicas, sociales y económicas del paciente
para contribuir a una valoración integral de la enfermedad y colaborar en la decisión
de la terapéutica. Todo
esto permitirá en muchos casos, brevedad de la
estancia hospitalaria, y facilitará la continuación del proceso de atención integral del paciente,
tanto para concluir su tratamiento
como para la rehabilitación y resocialización.
De igual forma, el profesional de la atención
secun- daria o terciaria
puede colaborar con el especialista de medicina familiar
en interconsultas solicitadas y puede facilitar los recursos diagnósticos, a
petición de los profesionales
primaristas.
Los elementos que
debe tener en cuenta el médico de familia para la coordinación efectiva,
son:
Decidir con toda
la información aportada por el paciente y su familia la pertinencia de la ruta a seguir.
- Conversar con el paciente su propuesta,
en función
de conocer
si este la acepta.
- Procurar comunicarse directamente con el especia- lista que recibirá
al paciente. Tanto la comunicación personal como la telefónica favorecen la coordina- ción efectiva.
- Ser minucioso
en la referencia de información.
- Escribir con letra legible.
- Utilizar un lenguaje claro.
- Solicitar información de contrarreferencia.
- Elegir los especialistas que mejor trabajen
con los médicos de familia.
- Estudiar detenidamente cada paciente remitido.
- Mantener comunicación sostenida con el intercon- sultante o facultativo del centro donde
está internado el paciente.
- Visitar al paciente en el centro
hospitalario donde se
encuentre ingresado.
- Participar activamente en la discusión diagnóstica del paciente internado, junto al equipo
médico que le presta atención
en el hospital.
- Intervenir en la toma de decisión acerca de la conduc-
ta terapéutica que debe seguir el paciente
internado.
-
Asegurar una atención sistemática al paciente y su
familia.
Accesibilidad
Consiste en la
oportunidad garantizada de acceder a
la red sanitaria. Se constituye en el componente estructural principal de la atención primaria, compa- rable con la función de sostén propia del
esqueleto humano. Sin la garantía
absoluta de la accesibilidad,
los componentes de primer contacto,
responsabilidad, atención integral,
continuidad y coordinación, serían imposibles
de realizar.
La accesibilidad
presupone la eliminación de todas las trabas o barreras
geográficas, legales, culturales, de organización y económicas que pueden impedir la obtención
pertinente de servicios
médicos calificados a la población.
La accesibilidad
geográfica se garantiza mediante el
acercamiento de los centros de salud a las áreas comunitarias y el desarrollo de vías de comunicación con las instituciones prestadoras de servicios
sanitarios. Para este tipo de accesibilidad, el tiempo y la distancia son factores clave. Si la distancia para atenderse en el centro de salud primario excede la de otra
institución de la red sanitaria, no es posible
cumplir el resto de los componentes de la medicina
familiar en la APS.
Por accesibilidad legal se entiende
la existencia de una plataforma jurídica que garantice
el acceso a la
atención sanitaria como un derecho inalienable de los ciudadanos. Existe la tendencia, en la actualidad, a considerar en el concepto
de accesibilidad legal o jurí- dica el elemento referido
a los deberes que la población tiene que cumplir
para actuar con responsabilidad en el desarrollo de acciones dirigidas
a promover y mantener la salud individual y colectiva.
La accesibilidad
cultural es la posibilidad de la comunidad
para acceder a un equipo médico capaz de entender
su lenguaje, sus raíces histórico-culturales,
que respete sus tradiciones, que comprenda sus costum- bres y que esté, por lo tanto, capacitado
para generar, sin etnocentrismo, un espacio de comunicación dirigido a catalizar los esfuerzos del individuo
y la comunidad, para mejorar su
estilo de vida y reconstruir de mutuo acuerdo un ambiente cada día más saludable. Indepen-
dientemente del grado de desarrollo sociocultural que posea la comunidad, el equipo de salud y
en especial su líder, el médico de familia, debe ser capaz
de romper todas las barreras socioculturales que
limiten la comu- nicación para
generar, en una primera etapa, un nivel de
credibilidad y prestigio hacia su acción sanitaria y, luego, una actividad educativa que posibilite armonizar
las acciones de la población, para contribuir a transfor- mar la
situación de salud existente.
La accesibilidad organizacional contribuye a la adecuada ordenación de los elementos de la
red y de las formas de trabajo en
servicio a la población, de forma tal
que la organización del servicio tenga como eje satisfacer las necesidades sanitarias específicas de la comunidad; el análisis con la propia
comunidad de los horarios de atención y los mecanismos
organizativos
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